LA MIRADA PROPIA
En el propio análisis también lo que se construye es lo que podríamos denominar también como una ampliación de la propia mirada. Es interesante que entendamos a que nos estamos refiriendo cuando decimos esto: estamos hablando exclusivamente a trabajar lo simbólico en el sujeto. Al trabajar sobre lo simbólico surgen las mas fuertes resistencias con el único fin: querer dejar la terapia, abandonar el propio análisis. Aquí aparece algo interesante que podemos llamar el autoboicot, es decir no querer avanzar sobre ese punto. Nuestra creencia de como eran las cosas siguen siendo tan fuerte que es difícil cambiar y eso no es sin que nos paremos frente al analista y tengamos deseos de abandonar nuestro propio proceso terapéutico. Enojarnos, mentirle, avergonzarse y no decir. Todo habla del síntoma. Y es contra la figura del analista que surgen estas consideraciones, cuando en realidad el encuentro en el proceso terapéutico, el encuentro en el propio análisis, es consigo mismo.
Interesante, pero trabajar estas cuestiones, como dijimos al principio, influye en lo que podemos entender como una ampliación de la propia mirada. Así como podemos poner como ejemplo lo que ocurriría en consideración de un posible desarrollo de la visión periférica, es decir que nuestro campo visual se expande hacia los costados y comenzamos a ver, a leer, lo mismo nos ocurriría al atravesar y crecer en el propio análisis: las cosas se comenzarían a leer, a ver, a entender, de otro modo.
Pero esto no es sin la práctica y sin que surja justamente algo de toda esta cuestión: la resistencia a curar. Si es que podemos hablar de una cura... cura en el sentido de un cambio en la posición subjetiva frente aquello que angustia. Que no es por medio de la pregunta, el analista instala la pregunta al paciente. Pregunta que cada sujeto debe elaborar.

